La falta de lluvia producida por el fenómeno “El Niño”, además de eventos socio naturales ocasionados por el cambio climático que se observan con mayor regularidad cada año, acentúan la vulnerabilidad de la población de nuestro país y de la región, impactando en el fuerte descenso en la producción de los granos básicos, de hortalizas, y la escasez de forraje para el ganado, así mismo la reducción de lluvia, impacta las afluentes de agua como ríos, lagos y lagunas que se tienen para el uso y consumo humano como para la productividad agrícola y pecuaria, realidad que representa una seria amenaza a corto, mediano y largo plazo para el bienestar de la sociedad salvadoreña y, por consiguiente, para el desarrollo socioeconómico del país.



En El Salvador solamente el 3% de agua es apta para consumo humano, es decir que se puede potabilizar, además somos el país más deforestado de América Latina y la depredación se mantiene, la situación ecológica actual es grave, el deterioro ambiental y en los suelos causados por la erosión, el calentamiento global y sobre explotación de recursos naturales han puesto el territorio en una situación de emergencia que muchos no quieren ver.

La disminución de los bosques y la notable baja en la pesca en agua dulce y en el mar son algunos de los signos de alarma que se dejan ver, además de la pérdida de especies de flora y fauna valiosas para nuestro ecosistema (informes del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales)

Las reflexiones anteriores nos llevan a concluir que nuestra realidad representa una grave amenaza para los derechos humanos de la población salvadoreña, principalmente en lo referente al derecho a una alimentación adecuada, al derecho a la protección contra el hambre, el derecho al agua, y el derecho a un nivel de vida adecuado.

Para enfrentar y cambiar la realidad se requiere del apoyo del Estado, la Empresa Privada (pagando los impuestos que les corresponde para que el gobierno tenga  solvencia económica para continuar con los programas sociales) y el liderazgo del Gobierno, en la búsqueda de la solidaridad nacional e internacional que asegure atender las necesidades más apremiantes a corto plazo, mientras que se actúa para proteger los activos y los sistemas de medios de vida de los agricultores y ganaderos, creando capacidad de resistencia a largo plazo.    

Si queremos evitar una crisis alimentaria y ambiental, las respuestas deben de implementarse por medio de políticas públicas para restablecer los medios de vida necesarios como son los ríos y el uso de la tierra, debiendo invertir fondos y aplicarse en una escala que asegure la protección de las comunidades.

Ante la prolongada sequía que hoy afecta al país es importante gestionar una mayor eficiencia de los recursos hídricos que tenemos para obtener un mejor aprovechamiento del agua que se dispone, ejemplo: implementar sistemas de riego en la agricultura, realizando un uso racional del agua de los ríos y pozos.

El Gobierno debe de generar un programa de información y sensibilización a la población a través de los medios de difusión masiva sobre la necesidad del ahorro, campaña orientada a concientizar que sin agua no hay vida, pero tampoco podemos vivir sin  alimentos.

Promover y financiar infraestructura y tecnología que nos permita “cosecha de lluvia” o captación de aguas lluvias, que implica además la conservación de agua para el aprovechamiento en la agricultura.

Proteger las cuencas que pasa por reforestar las micro cuencas y no sembrar cultivos en cuencas vulnerables.

Finalmente la Asamblea Legislativa, debe establecer como prioridades la pronta ratificación de la reforma constitucional del Art. 69, a favor del derecho a una alimentación adecuada y el derecho al agua, así como la aprobación de la Ley General de Aguas y Prohibir la Minería Metálica en El Salvador como garantía de protección de los bienes comunes, agua, tierra, aire, paisajes y evitar inminentes desplazamientos forzosos.


Autora| Zenayda Serrano

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